ESTREMECEDORA OBRA AUDIOVISUAL SOBRE LOS ELEFANTES EN CINES CHILENOS. Prensa Animalista

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Por Carolina Ahumada Marín.

Santiago de Chile, octubre 2016.-

Los elefantes no bailan, no se maquillan, no juegan polo, no pintan. No se encadena a un elefante para vivir en un eterno movimiento en el vaivén de las cadenas atadas a sus cuatro patas en el mínimo espacio que le toca sobrevivir sobre el duro cemento. 

Hay obras audiovisuales que logran establecer un vínculo íntimo y único entre el espectador y ellas, que no se quiebra con el final y permanece inmanente en la memoria. Me pasó cuando fui a ver el documental “Los elefantes no pueden saltar” de los realizadores chilenos, Rodrigo Sáez Molina y María José Martínez-Conde Fabryque que, desde la lejana Tailandia, Laos y la India filmaron sobre la realidad de la vida de los elefantes en esos paisajes, su uso su explotación sus símbolos, su rescate. La obra retrata esa relación entre humano y animal, atrapada en las costumbres arraigadas al horizonte asiático, al negocio, al dinero a la religión a la veneración al uso como objeto de los grandes animales, al espectáculo, al morbo a la risa. El elefante es más que un animal al servicio de los asiáticos, es la forma de sobrevivencia entre tanta miseria y pobreza en la enorme población humana aquella.

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Las imágenes son cruentas, el maltrato el dolor, la insolencia , es  para cerrar los ojos, mas la sutileza de los creadores hace que la obra audiovisual no caiga en el morbo  y entrega un mensaje preciso sobre lo que desean mostrar : el significado profundísimo del uso de los elefantes por los asiáticos que va más allá de su utilización como espectáculo, entonces surge la pregunta que siempre atraviesa las discusiones sobre el uso de los animales por los seres humanos, ¿Salvamos a los elefantes y dejamos morir de hambre a los humanos y quemamos sus tradiciones y adoraciones divinas? ¿El estado tailandés, tiene dinero para el rescate del maltrato a los paquidermos? si ni a su población humano logra rescatar del hambre … ¿qué hacemos con esa intransigente pero certera realidad?

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Es la pregunta inherente en toda la obra, que atraviesa más allá de la discusión de la vida de los elefantes asiático dando paso a la profundísima interrogante de cómo debemos establecer las relaciones entre seres humanos y animales y hasta qué punto la sobrevivencia del animal humano debe ceder ante el rescate del animal… una vida por la otra. Convive en el documental la mirada del occidental y el nativo, sobre cómo coexistir con los elefantes. El rescatista occidental que no vive la adoración quimérica, onírica hacia el animal ni siente el hambre de no tener qué echarse a la boca, ni vive la miseria de no tener un trabajo digno y sólo ve a los grandes paquidermos como una solución de sobrevivencia, un negocio, un trabajo, una vida.

Interesante resulta que la obra demuestre, que esa terrible estancia de dolor y maltrato hacia el elefante sí tenga una salida posible.  Si el elefante es una necesidad para no morir de hambre y su uso hace posible que el humano viva, usemos a los paquidermos en la “industria” del turismo, pero desde otra mirada. Si el turista quiere espectáculo, que paguen por ver cómo viven libres los elefantes felices en sus laderas, que paguen por tener la oportunidad de alimentarlos y no por verlos saltar …. Que paguen por ver la felicidad salvaje y verde de otra especie enorme e inconmensurable.

No queremos circo, queremos espectáculos hermosos de la vida misma libre, genuina lejos del artificio y el maquillaje. Queremos ver dicha y no dolor en los ojos del otro.

Fuente: www.prensanimalista.cl